
Me han regalado un reloj, de los que hacen tic-tac-tic incesantemente.
Las horas pasan, las manecillas del reloj se detendrán en cuanto el óxido venza a la maquinaria misma del tiempo.
Me regalaron un corazón, capaz de sentir y latir hasta que el tiempo le venza la batalla, el tiempo que marca mi reloj.
Los latidos son marcados por alguien, en este momento Tú, ya que cuando me rozas se aceleran los latidos, pero si no me rozas ni siquiera late.
Hace algún tiempo que mi corazón no vive, muy a mi pesar las manecillas no se detienen a esperarte.
Me regalaron un mundo, lleno de distancias.
Maldita distancia que hace que las horas que mi reloj marca sean eternas y que impide que mi corazón se acelere.